domingo, 11 de marzo de 2018

EL ESPUTO Y LA DIALÉCTICA.



   Hace unos días publicaba un tuit en que decía que se vivía un momento educativo muy feo. Lo mantengo. Ese tuit hacía referencia a el momento de "mercadeo" actual.  Me explico: cuando llegué a Twitter, hace más de cinco años,  comencé a tener contacto con maestros y profesores de diferentes lugares, compartíamos inquietudes, problemas del aula, recursos, etc y muchos dimos en llamar a eso "nuestro claustro virtual". Poco a poco fue cambiando todo, César Bona llegó a lo más alto y quizá por eso muchos dejaron de compartir y buscaron protagonismo queriendo ser el siguiente César, el nuevo gurú educativo. En Twitter todo se volvió más hostil. Leía tuits de unos compañeros y compañeras atacando a otros de forma más o menos directa por su metodología o su presencia en redes, congresos o concursos.  Se generó también un ambiente de " conmigo o contra mí".


  Desde el primer día que abrí mi cuenta en Twitter en mi perfil se puede leer "con tic y con bic", una frase simplona que resumía mi forma de trabajar. Me gusta la tecnología y desde años la he convertido en complice en mis clases incorporándola como un recurso más. Sin embargo, nunca he dejado de lado lo manual. Desde hace un tiempo veo también en Twitter ,y en la sociedad en general, que se confunde tecnología con innovación. Cuántos más dispositivos uses, más aplicaciones conozcas o más metodología con nombre inglés emplees tanto mejor. No importa si el alumno es el centro de aprendizaje, si realmente aprende de forma significativa o si participa en el mismo grado que sus compañeras y compañeros, importa que el resultado sea una buena foto para vender el producto, para venderse en el mercadeo educativo como "buen docente, docente innovador".

 Hace poco tuve el placer de conversar con alguien del tema educativo.  Una de esas  personas que realmente conversan y no elevan en tono si entre ambos hay diferencia de  pareceres. Una de esas personas que argumentan sin exasperarse. Mi compañero disertador era médico y me contaba que él creía que era un médico excepcional. Su fama y presencia en revistas del sector  así lo avalaban. Sin embargo reconocía que la vida le había dado una cura de humildad. En un viaje a Senegal, donde fue a ejercer de voluntario, le pidieron  diagnósticos de neumonía.  Él siempre había diagnosticado la neumonía con una radiografía. En Senegal los médicos diagnostican la neumonía con un esputo. "Me dí cuenta de que era buen médico cuando disponía de mis medios, no sabía diagnosticar con sólo un esputo y allí todos los médicos lo hacían."

  El símil con la educación es evidente, no en todos los centros hay los mismos recursos, y no hablo sólo de recursos materiales, los humanos son fundamentales. En un centro con alumnado con dificultades varias (alumnado con adaptaciones curricuales, etc), diferente origen social, dificultades económicas, familias desestructuradas, etc. el personal de apoyo, los especialistas de audición y lenguaje o pedagogía terapéutica, es fundamental. Tengo compañeros y compañeras con grandes dificultades para llevar sus clases por la falta de recursos, y sin embargo los veo innovar a diario, dar un papel protagonista a cada uno de sus alumnos o alumnas por dificultades que tengan. Nunca serán reconocidos en Twitter, en ninguna red y ni saltarán a la fama como maestros innovadores, porque sus pedagogías no son tan comerciales, pero sí son  totalmente innovadoras. Son maestros y profesores que podrían diagnosticar neumonía con un esputo.

  Con todo esto no estoy criticando las pedagogías innovadoras ni critico a nadie que lleve a cabo sus clases de forma puramente tecnológica, cada uno sabrá lo que hace y en lo que cree o con lo que  se siente más cómodo. No seré yo quien critique a nadie,  yo aprendo cada día y siempre tengo la sensación de no saber de nada. Este artículo viene más bien a reivindicar una dialéctica perdida, esa capacidad que las personas tenían de conversar o discutir de un tema exponiendo opiniones de forma civilizada y no tratando de imponer la suya, descalificando o elevando el tono. Echo profundamente de menos el poder opinar sin ser blanco de ataques, el no poder preguntar a un compañero tuitero porqué razón hace o no hace ciertas tareas y poder atender a su explicación de forma civilizada. Echo profundamente de menos el debate educado, donde lo mejor que te podía pasar es que tu interlocutor te hiciese cambiar de opinión porque te convencían sus argumentos y exposiciones y salías del debate con la sensación de haber crecido como persona porque habías comprendido un punto de vista que antes no habías considerado. Lo echo profundamente de menos, en las redes sociales y en la vida. Pero lo echo todavía más de menos entre la gente que además de enseñar se supone que educamos.

  Innovación y tecnología no tienen que ir de la mano, pero innovación sin dialéctica la veo imposible. Por los esputos verbales si se puede diagnosticar el grado educativo de las personas.